Vive en “El Puestito”, eligió hace cuatro años cambiar la vida de la ciudad por la tranquilidad de la naturaleza y encontró en la pintura una manera de expresar lo que lleva dentro. Su historia atraviesa una pérdida auditiva, la resiliencia, la meditación y un sueño: que el arte también sea parte de la identidad de su pueblo.
“Mi nombre es Gabriela y vivo en Villa de la Quebrada, en ‘El Puestito’, una zona no muy conocida pero muy bonita. Hace cuatro años decidimos con mi esposo cambiar de vida. Renunciamos a muchas comodidades básicas de la ciudad para vivir en la naturaleza. No es fácil, pero te acostumbrás.”
Soy maestra jardinera. Trabajé muchos años en la docencia prácticamente 26 años, en la ciudad, en el jardín Burbujitas y actualmente me encuentro en la escuela Condarco de Los Molles, donde por una cuestión de distancia pedí mi traslado. En realidad, fue por la distancia y también por una enfermedad auditiva que no me permite permanecer tanto tiempo expuesta a los ruidos.
Esto es el inicio del principio de todo: una hipoacusia bilateral, por la que actualmente tengo un implante coclear.
A los 28 años perdí prácticamente la audición. Fue un problema serio, especialmente porque trabajo con pequeños. Comenzó una seguidilla de estudios, tanto aquí como en otras provincias, y todo este proceso fue bastante caótico para mí.
Perder los sonidos de la vida me llevó a ser resiliente.
Me indicaron realizar terapias alternativas. Invertí en distintas actividades, hice yoga y meditación. Allí también hice muchas amistades hermosas y logré bajar mi ansiedad y mis nervios.
Con la meditación, hasta apareció en mi camino una “mentora”. Ella descubrió que yo podía, en la paz de mis silencios, crear.
DANIA PERALTA fue quien hizo salir de mí toda esa paleta de colores. Y así fue como el arte me llevó a ese camino maravilloso. Es mi cable a tierra.

Me gusta mirar imágenes y llevarlas a un cuadro. Por ejemplo, puedo tomar como inspiración la obra de un artista plástico europeo y tratar de retratar algo parecido, pero también agregar o combinar otras cosas.
Pinto sobre madera. Todavía me falta llegar al lienzo. En mis cuadros solo reflejo lo que soy por dentro: los colores, la alegría y el agradecimiento.
Pinto lo que me gusta, pinto lo que me hace bien. En la mayoría de mis pinturas utilizo distintas técnicas, como enduido y telas con algunos tratamientos para endurecerlas, entre otras cosas.
Soy muy crítica de mí misma. No soy conformista. A veces termino de pintar un cuadro, lo subo al atril y lo miro durante todo un día, buscando el error y tratando de encontrar algo que pueda mejorar.
Varios cuadros he vendido y otros no. Soy muy agradecida por lo que pinto porque lo hago con todo el corazón.
Tengo algunos cuadros preferidos. Hay obras que tienen un significado especial para mí y que, más allá de si se venden o no, forman parte de todo este camino que fui construyendo a través de la pintura.

Tengo muchos sueños por materializar y, si Dios me lo permite, uno de ellos es que mi pueblo también crezca en el arte y que pueda darse a conocer por ello.
Me gustaría realizar, junto a otros artistas, exposiciones y hacer llegar el arte a la gente, que puedan disfrutarlo y conocerlo.
Me gustaría que algún día la gente diga:
“Vamos a la Villa, que hay expositores, que hay música y que hay arte”.
Hay mucha gente que trabaja con sus manos y esa gente debe mostrar la maravilla de la artesanía.
Mi mensaje para quienes transitan alguna enfermedad, como la que me toca atravesar a mí, es que nada es fácil.
Nuestra vida es un crisol de caminos. Muchos no son fáciles, pero mientras tengamos vida no debemos parar.
Es una obligación salir adelante, sorteando obstáculos. Y se puede.
Yo lo logré y deseo lo mismo para todos.
Si tuviera que retratar mi vida en una pintura, siempre, pero siempre, estaría mi madre.
Mi resiliencia viene de ella.
Y hay algo más que quiero contar, porque también forma parte de este camino que estoy haciendo con el arte.
Hice un cuadro del Cristo de la Quebrada que quiero llevar como obsequio a la iglesia de la Villa.
Es una manera de devolver un poquito de todo lo que el arte me ha dado y de dejar una parte de mí en este lugar donde vivo, en este pueblo que también sueño con ver crecer a través del arte.
