🌡️SAN LUIS --°

Tras presentar su segundo libro sobre la historia de Nogolí y recibir recientemente la declaración de Interés Legislativo, el historiador y vecino Gabriel Calderón Santander habló sobre sus más de doce años de investigación, la importancia de preservar la memoria regional y sus próximos proyectos literarios.

El pasado 7 de agosto, Gabriel Calderón Santander presentó “Nogolí: Un encuentro con el pasado”, su segundo libro dedicado a recuperar y reconstruir parte de la historia de esta localidad del Departamento Belgrano.

La presentación se realizó en el Café Literario San Luis Libro, ubicado en la esquina de 25 de Mayo y San Martín de la ciudad de San Luis, en un encuentro que puso en valor su aporte cultural, social e histórico a la identidad regional.

Recientemente, además, la obra fue declarada de Interés Legislativo, un reconocimiento que acompaña años de investigación y trabajo dedicado a recuperar hechos, relatos, documentos y testimonios que forman parte de la memoria de Nogolí.

—Gabriel, ¿qué significa para vos presentar este segundo libro sobre Nogolí?

—Es un trabajo que tiene detrás aproximadamente doce años de investigación. A medida que fui avanzando y que la gente fue conociendo lo que estaba haciendo, comenzaron a aparecer muchísimas historias, anécdotas, relatos y nuevos datos.

Eso fue enriqueciendo enormemente la investigación. También pude recurrir al Archivo Histórico para corroborar información, ajustar algunas fechas y descubrir documentos muy importantes.

Por ejemplo, apareció correspondencia que se remonta a la década de 1860 y llega prácticamente hasta tiempos mucho más recientes. Todo eso fue permitiendo reconstruir y completar una parte de la historia que todavía no estaba escrita.

—¿Qué espacio viene a ocupar “Nogolí: Un encuentro con el pasado”?

—El libro cumple, justamente, la función de cubrir un espacio que estaba vacío desde hacía muchos años.

J. W. Jez fallece aproximadamente en 1932 y había dejado un trabajo muy importante sobre muchas cosas que ocurrieron hasta ese período. Pero desde la década del 30 en adelante había una enorme cantidad de acontecimientos de Nogolí que no estaban reunidos ni investigados de esta manera.

Y en Nogolí pasaron muchísimas cosas.

Hubo procesos y transformaciones muy importantes, personas que cambiaron la fisonomía del pueblo, etapas de crecimiento y obras como la creación del balneario Granadero de Nogolí, entre muchas otras secuencias de nuestra historia que no estaban registradas.

Mi trabajo fue recuperar mucho de la memoria oral, hablar con la gente, recoger testimonios y luego tratar de corroborarlos a través de fotografías, documentos y fuentes históricas.

—Entonces, ¿cuánto tiene este libro de investigación y cuánto de la memoria de los vecinos?

—Tiene mucho de las dos cosas. La memoria oral es fundamental, porque muchas historias sobreviven gracias a lo que una persona escuchó de su padre, de su abuelo o de alguien que vivió determinado momento.

Pero después hay que investigar, buscar documentos y contrastar esa información.

Ese proceso fue muy interesante porque muchas veces una anécdota que parecía simplemente un recuerdo terminaba encontrando respaldo en una fotografía, una correspondencia o un documento histórico.

Creo que eso también le da valor al libro: no solamente contar lo que pasó, sino intentar recuperar esas historias y dejar un registro para las generaciones que vienen.


“LOS AQUELARRES DE SAN LUIS”: CUANDO LOS CUENTOS DEL INTERIOR VUELVEN A ENCONTRARSE CON LOS NIÑOS

Antes de este nuevo trabajo dedicado a Nogolí, Gabriel Calderón Santander publicó “Los Aquelarres de San Luis: Cuentos populares para leer y miedo no tener”, una obra que busca recuperar relatos, historias y tradiciones del interior puntano.

—¿Cómo nació “Los Aquelarres de San Luis”?

—La intención principal fue rescatar todo lo que tiene que ver con el interior, con nuestra cultura y con esos cuentos que se contaban en los fogones y que fueron pasando de generación en generación.

Hoy vivimos en un tiempo donde todo parece estar contenido en un celular. Tenemos información, entretenimiento, comunicación e incluso nuestras cuentas bancarias en un mismo dispositivo.

Y, de alguna manera, eso nos ha ido alejando de ciertos hábitos y expresiones: el arte de leer, el arte de escribir y también el encuentro alrededor de una historia.

Nuestra intención es recuperar un poco de eso.

—¿Por qué pensaste especialmente en los niños como lectores?

—Porque me gustaría que un niño pueda encontrarse con un cuento que le genere curiosidad, que despierte su imaginación y que tenga algo de fantástico.

Quizás una historia que le recuerde algo que alguna vez le contó su abuelo, su padre o algún familiar.

La idea es que aparezca esa curiosidad y que el niño empiece también a construir su propia relación con la memoria familiar.

Que escuche una historia, que pregunte, que recuerde algo que le contaron y que pueda hacer propio ese relato.

—¿Qué diferencia tiene un cuento regional frente a otras historias?

—Que detrás de ese cuento hay algo cercano.

Muchas veces una misma historia fue escuchada de distintas maneras dentro de una familia o en un pueblo. Y eso hace que cada persona termine apropiándose de ella.

Cuando un niño encuentra un cuento regional, quizás reconoce un personaje, un lugar, una historia que escuchó en su entorno. Y ahí comienza algo muy lindo: la curiosidad, la imaginación y la necesidad de preguntar.


LO QUE VIENE: MÁS HISTORIAS PARA CONTAR

El buen recibimiento de “Los Aquelarres de San Luis” ya despertó el interés de nuevos lectores y, según cuenta Gabriel, fue justamente el público quien comenzó a pedirle más.

—¿Habrá una segunda parte?

—Sí, gracias a Dios el libro tuvo una aceptación muy linda. Y una de las cosas que más felicidad me da es que la gente me pide más cuentos, me pide que el próximo sea más largo, con más páginas.

Yo considero que esa es mi gran fortuna: que a la gente le haya gustado y que quiera seguir leyendo.

Así que estamos trabajando en lo que, por ahora, podría llamarse una segunda parte de Los Aquelarres… aunque seguramente tendrá otro nombre.

—¿Ya podés adelantar cómo se llamará?

—Por el momento no… en su momento sabrán.


UNA HISTORIA QUE SIGUE VIVA

Con más de una década dedicada a investigar, escuchar testimonios y recuperar documentos, Gabriel Calderón Santander continúa construyendo un puente entre el pasado y las nuevas generaciones.

Sus libros no solamente buscan conservar historias: también intentan despertar una pregunta fundamental.

¿Qué sabemos realmente del lugar donde vivimos?

En cada relato recuperado, en cada documento encontrado y en cada recuerdo compartido por un vecino aparece una parte de una identidad que todavía está viva.

Y quizás esa sea una de las grandes riquezas de Nogolí y de todo el interior puntano: que todavía existen historias esperando ser escuchadas… y alguien dispuesto a escribirlas.

Porque conocer el pasado también es una manera de entender quiénes somos y cuidar lo que somos capaces de transmitir.