La Biblioteca Popular “Maestro Luis Gerónimo Lucero Riera” celebró sus 98 años con la inauguración de una Casa de la Cultura. La celebración abre también una pregunta histórica que merece respuestas: ¿qué pasó con la institución que durante años llevó el nombre de Juan W. Gez, cómo fueron sus cambios de denominación y qué ocurrió con los libros y documentos que forman parte de su patrimonio?
Nogolí celebró este miércoles los 98 años de su biblioteca popular con la inauguración de una nueva Casa de la Cultura, un espacio pensado para talleres, actividades educativas y propuestas artísticas para la comunidad.
La noticia, en sí misma, es positiva: que un pueblo pueda recuperar y fortalecer una institución cultural casi centenaria merece ser destacado.
Pero cuando se habla de 98 años de historia, también corresponde mirar hacia atrás y hacer algunas preguntas.
Porque el nombre actual es Biblioteca Popular “Maestro Luis Gerónimo Lucero Riera”, mientras que durante muchos años los vecinos conocieron a la institución como Biblioteca Pública Municipal “Juan W. Gez”.
¿Se trata de la misma institución? ¿Cuándo y por qué cambió su denominación? ¿Qué documentación respalda esos cambios?
Una historia con distintos nombres
La propia Agencia de Noticias San Luis publicó en abril de 2025 una reseña histórica de la institución.
Según esa reconstrucción, la biblioteca fue fundada oficialmente el 23 de septiembre de 1928 por Luis Gerónimo Lucero Riera. La publicación señala que originalmente llevó el nombre de “Juan Bautista Baigorria” y que entre sus primeros impulsores estuvieron, entre otros, Juan W. Gez y distintos referentes culturales de la época.
Con el paso de los años, la institución atravesó distintas etapas.
La misma reseña oficial sostiene que, luego de la muerte de algunos de sus referentes, la biblioteca pasó al Centro Cívico y tomó el nombre de Biblioteca Popular Municipal.
En 1994 se constituyó como persona jurídica y pasó a llamarse Biblioteca Pública Municipal “Juan W. Gez”, denominación que mantuvo hasta 2011.
Entonces aparece una primera aclaración importante:
No necesariamente estamos hablando de dos bibliotecas distintas. La información histórica disponible describe una institución que fue cambiando de nombre y de ubicación a lo largo del tiempo.
Pero justamente por eso hay cuestiones que deberían quedar documentadas y al alcance de la comunidad.
¿Qué pasó con los libros?
Este es quizás uno de los puntos más importantes.
En 2025 se informó que la biblioteca cuenta con más de 4.500 obras, algunas de ellas del siglo XIX, y que durante años parte de ese patrimonio permaneció almacenado en el edificio del Correo. También se señaló que todavía no existía un catálogo organizado de toda la colección.
Si la institución atravesó distintas denominaciones y permaneció durante años sin un espacio físico propio, la pregunta resulta inevitable:
¿Dónde estuvieron esos libros durante todo ese período?
¿Se trata del mismo acervo histórico de la biblioteca fundada en 1928?
¿Existe un inventario?
¿Quién tiene actualmente la responsabilidad sobre ese patrimonio?
¿Se conserva documentación histórica, actas, libros de registro, fotografías y otros elementos que permitan reconstruir qué ocurrió durante cada etapa?
Y hay otra pregunta particularmente importante:
¿Todos los libros de la antigua Biblioteca Pública Municipal “Juan W. Gez” forman actualmente parte del patrimonio de la Biblioteca Popular “Maestro Luis Gerónimo Lucero Riera”?
Si la respuesta es sí, sería importante que exista documentación que permita demostrarlo.
Y si hubo algún traspaso, cesión, comodato o instrumento similar, también sería bueno que la comunidad pueda conocerlo.
¿Quién constata que la historia continúa?
Celebrar los 98 años implica reconocer una continuidad histórica.
Pero esa continuidad no debería depender solamente de lo que diga una publicación oficial o de la denominación que tenga actualmente la institución.
La historia de una biblioteca también está en sus libros, sus actas, sus documentos, sus registros y en la memoria de quienes formaron parte de ella.
Por eso creemos que sería interesante que historiadores, investigadores locales y personas que hayan trabajado durante las distintas etapas de la institución puedan aportar documentación y testimonios.
También sería importante conocer qué consta en los registros de Personas Jurídicas, qué ocurrió con la personería constituida en 1994 y cómo se documentaron posteriormente los cambios institucionales y de denominación.
No se trata de cuestionar la celebración de los 98 años.
Todo lo contrario.
Si realmente estamos ante una institución que nació en 1928 y logró atravesar casi un siglo de historia, merece que esa historia esté perfectamente documentada.
Una Casa de la Cultura que abre una nueva etapa
La nueva Casa de la Cultura funcionará como un espacio contiguo a la biblioteca y tendrá talleres gratuitos, entre ellos ajedrez y lectura y comprensión de textos, con la intención de incorporar nuevas actividades educativas, culturales y artísticas.
Es una oportunidad para que la institución vuelva a ocupar un lugar central en la vida de Nogolí.
Pero también puede ser una oportunidad para algo más:
recuperar, ordenar y hacer pública la historia de la biblioteca.
Que los vecinos puedan saber qué biblioteca existió en 1928, qué nombres tuvo, dónde funcionó, quiénes estuvieron al frente, qué patrimonio reunió y cómo llegó hasta el edificio actual.
Porque los libros también cuentan la historia de un pueblo.
Y si hay más de 4.500 ejemplares, algunos con casi un siglo de antigüedad, ese patrimonio merece estar identificado, catalogado y protegido.
La pregunta queda abierta
Desde Belgrano al Día no planteamos que haya dos bibliotecas ni afirmamos que haya existido una irregularidad.
La información histórica disponible indica una continuidad institucional con diferentes nombres a lo largo del tiempo.
Pero sí creemos que hay preguntas que corresponde hacer.
¿Qué documentación acredita cada cambio de nombre?
¿Qué ocurrió con el patrimonio bibliográfico durante los años en que la institución funcionó bajo otras denominaciones?
¿Dónde están hoy los libros que pertenecieron a aquellas etapas?
¿Existe un inventario completo?
¿Hubo algún acta, comodato, cesión o instrumento que formalizara el traspaso del patrimonio?
¿Quién puede certificar documentalmente toda esa continuidad?
Y quizás la pregunta más sencilla:
¿Qué historia estamos celebrando exactamente cuando decimos que la biblioteca de Nogolí cumple 98 años?
La respuesta no debería quedar en una cuestión de nombres.
Debería estar en los documentos, en los libros y en la memoria de quienes construyeron durante casi un siglo una de las instituciones culturales más antiguas de Nogolí.
Porque conocer la historia de un pueblo también es cuidar su patrimonio.
Belgrano al Día — información, preguntas y memoria de nuestro Departamento.
