🌡️SAN LUIS --°

El adolescente era buscado desde el miércoles y fue encontrado sin vida en un descampado de la zona oeste de la ciudad de San Luis, a pocas cuadras de su domicilio. La Justicia investiga ahora las circunstancias y la causa de su muerte. Pero mientras avanza esa investigación, quedan preguntas sobre cómo se llevó adelante la búsqueda y sobre la respuesta del Estado ante la desaparición de un adolescente.

Benjamín tenía 16 años.

Su familia lo buscaba desde el miércoles. Vecinos y allegados también se sumaron a los rastrillajes y a la búsqueda. Finalmente, el adolescente fue encontrado sin vida en una zona de pastizales de la zona oeste de la ciudad de San Luis.

La noticia vuelve a poner a una familia frente al dolor más difícil y a toda una comunidad frente a preguntas que no deberían quedar sin respuesta.

La Fiscalía deberá determinar qué ocurrió y cuáles fueron las circunstancias de la muerte. En las primeras informaciones difundidas se indicó que se analizan distintas hipótesis y que serán las pericias las que permitan establecer la causa del fallecimiento.

Pero hay otra discusión que comienza a aparecer y que merece ser abordada con seriedad.

¿Cómo se buscó a Benjamín?

Una de las familiares que participó de la búsqueda relató que la familia volvió a salir por sus propios medios y que fueron varias mujeres quienes recorrieron la zona hasta encontrarlo.

Consultada sobre el accionar durante la búsqueda, su respuesta fue contundente: “Muy lento”.

La familiar también afirmó que, durante las horas de búsqueda, no se habría activado la Alerta Sofía y que en algunas dependencias policiales les habrían manifestado que no tenían conocimiento de que el adolescente estaba desaparecido.

Son afirmaciones realizadas por una familiar y, por su gravedad, requieren ser verificadas y respondidas por las autoridades correspondientes.

La Alerta Sofía es un mecanismo destinado a acelerar la búsqueda y localización de niños y adolescentes en situaciones consideradas de alto riesgo. Su activación requiere el cumplimiento de determinados criterios y es solicitada por la autoridad judicial a cargo de la investigación.

Por eso, una pregunta concreta que merece respuesta es: ¿qué protocolo se aplicó desde el momento en que se denunció la desaparición de Benjamín?

¿A qué hora se recibió la denuncia?

¿A qué hora comenzó el operativo?

¿Qué sectores fueron rastrillados?

¿Qué recursos se utilizaron?

¿Qué información se recibió durante esas horas?

¿Se evaluó la posibilidad de activar una Alerta Sofía?

Y, en caso de que no se haya activado, ¿por qué?

No se trata de buscar culpables antes de tiempo. Se trata de saber qué ocurrió.

Una familia no debería quedar sola

La búsqueda de una persona desaparecida no puede depender únicamente de la desesperación y del esfuerzo de sus familiares.

Una familia que atraviesa una situación de estas características necesita que el Estado responda con rapidez, coordinación y todos los recursos disponibles.

Y cuando una persona desaparecida finalmente aparece sin vida, esas preguntas adquieren todavía más importancia.

Porque conocer qué funcionó, qué no funcionó y qué pudo hacerse de otra manera también permite mejorar los protocolos para futuras búsquedas.

Basta de naturalizar estas tragedias

Benjamín tenía 16 años.

Dieciséis.

Una edad en la que debería estar pensando en estudiar, en sus amigos, en su familia, en lo que quería hacer de su vida.

Hoy una familia está despidiendo a un hijo mientras la Justicia intenta determinar qué ocurrió.

Y como sociedad tenemos derecho a pedir respuestas.

No alcanza con lamentar cuando ya es demasiado tarde.

Hay que preguntarse si nuestros mecanismos de búsqueda funcionan como deberían, si los recursos están disponibles, si existe coordinación entre las distintas áreas y si cada denuncia por desaparición recibe desde el primer momento la importancia que merece.

Porque detrás de cada nombre hay una familia.

Detrás de cada búsqueda hay personas esperando.

Y detrás de cada chico que desaparece hay una vida que no puede convertirse simplemente en un número dentro de una estadística.

Basta de perder chicos tan jóvenes.

Por Benjamín y por todas las familias que alguna vez tuvieron que salir desesperadamente a buscar a un ser querido: que haya respuestas, que se revisen los protocolos y que cada búsqueda sea tomada con la urgencia que merece.

La investigación sobre la muerte de Benjamín continúa. La Justicia deberá establecer qué ocurrió.

Y las autoridades deberán explicar, con información concreta, cómo se llevó adelante su búsqueda y si todos los mecanismos disponibles fueron utilizados en tiempo y forma.

Desde Belgrano al Día acompañamos a la familia en este momento de profundo dolor y seguiremos el caso con respeto, sin especulaciones y buscando respuestas.